Eliezer Ronda

Buena y mala memoria

Buena y mala memoria

“El evangelio nos recuerda que Dios nos tiene en su memoria. Nos ama y por eso responde con una oferta de salvación cuando el pecado nos desorienta”.

Mi palabra no es la ley

Mi palabra no es la ley

No es saludable engañarnos que somos los reyes y dueños del espectáculo. Nuestra palabra no es la ley o mas bien, que determina los designios de nuestra vida. Nos corresponde fijar nuestra mirada y mente en la ley de Dios para todos. Por eso, el consejo a la nueva generación que entró a la tierra de la promesa era: “Solo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te ordenó. No te apartes de ella para nada; solo así tendrás éxito dondequiera que vayas. Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito” (Josué 1:7-8, NVI).

Conforme pero no conformista

Conforme pero no conformista

“En la medida en que demos fruto de lo que Dios ha hecho con nosotros, nuestra transformación es conforme a Él. En la medida que “nuestro crecimiento” nos enaltezca a nosotros y escondamos a Dios como plato de segunda mesa, nuestra transformación es disfraz de piedad que refleja inmadurez”. 

Sin máscaras

Sin máscaras

“La experiencia de la adoración no impresiona a Dios por lo que hacemos. Le adoramos por quien Él es. Reconocemos su grandeza y su poder a pesar de nuestra debilidad. Nos ubicamos en la realidad de ser genuinos en nuestra respuesta a Dios por quien es”.

En la unidad nos hacemos comunidad

En la unidad nos hacemos comunidad

“La falta de luz no es indicativo que no se puede dar a luz. El alumbramiento está acompañado de dolor y entre tanta confusión, el llanto siempre es canción de alegría pues refleja que hay vida”.

Entre vítores, abucheos y dignidad

Entre vítores, abucheos y dignidad

“ Para el autor de Eclesiastés, la vida es vapor. No hay necesidad de despreciar al otro por ser distinto. Lo dice de esta manera: “Además, observé toda la opresión que sucede bajo el sol. Vi las lágrimas de los oprimidos, y no había nadie para consolarlos. Los opresores tienen mucho poder y sus víctimas son indefensas… Luego observé que a la mayoría de la gente le interesa alcanzar el éxito porque envidia a sus vecinos; pero eso tampoco tiene sentido, es como perseguir el viento” (Eclesiastés 4:1,4, NTV)”.