Entre el horno y el león

Entre el horno y el león

“Debemos exponer nuestros valores con dignidad y no claudicar en nuestra vida de oración. Recordemos que la canción de adoración a Dios es aquella que nos lleva a extender los brazos, más que nuestras gargantas en alta voz”.  

 

Saquemos el regalo de amor de la gaveta de la incomprensión

¿Alguna vez te han hecho un regalo? A mí sí. Creo que podemos coincidir en que a la mayoría de las personas les gusta recibir un obsequio en algún momento. Y en esto de recibir regalos se da de todo. Recibimos detalles que van de acuerdo a nuestros gustos o necesidades y otras veces no. Confesémonos: ¿alguna vez hemos ‘pasao’ ‘palante’ o guardado un regalo que nos han hecho porque no nos gusta? ¿No nos sirve? O, ¿no lo entendemos? Quiero pensar en esta última pregunta.

No sé si alguna vez te han regalado algo que no sabes cómo usarlo porque no lo entiendes. Quizás lo tengas guardado todavía. Personalmente, no soy ‘fan’ de las instrucciones que no están bien detalladas. Usualmente me rindo si no lo entiendo y engaveto el regalo. Que conste estos han sido los menos.

Por muchos años viví con el regalo del amor de Dios engavetado pues no podía comprenderlo. ¿Cómo entender que Dios me ama ilimitadamente? Que Dios me amó aun yo siendo un pecador? Que no puedo hacer nada bueno o nada malo para que Dios me ame más o menos. Que no hay nada que haga que pueda asombrar a Dios y moverlo a amarme más. Estas afirmaciones chocaban con lo que había escuchado y aprendido. Es una cultura que me había enseñado que para recibir algo necesitaba dar algo. Que para recibir amor tenía que probarme digno de ello. Donde se premian los logros y se penalizan los errores. Que si flaqueaba en mi fe se me removía este regalo. Viviendo siempre con el miedo de que me quitaran el regalo más preciado y a su vez sobre esforzándome para sentirme aprobado por Dios.

Estar en ese juego de que me entregaban el regalo si me porto bien y me lo quitan si me porto mal como si el amor de Dios fuera un refuerzo o castigo.

Llegar a la conclusión de que nada me puede separar del amor de Dios necesitó que leyera bien las instrucciones. Que pasara tiempo suficiente sobre cómo entender la naturaleza y esencia del corazón de Dios.

Pero era un regalo que no quería perder. Comprendí que la gracia de Dios es para todos. Y que como dice Romanos 5:38: “Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros”. Dios nos amó sin merecer su amor.

Ahora tengo claro que no tengo que vivir haciendo cosas para recibir el amor de Dios. Sé que vivo sirviendo a Dios, buscando a Dios, estando con Dios, por su amor por mí. El pastor Kyle Idleman dice: -“El uso correcto de una preposición me permitió ser libre del miedo. Libre en el amor de Dios. Ahora vivo por el amor de Dios no para el amor de Dios”. Les invito a que saquemos el regalo del amor de Dios de la gaveta de la incomprensión.

 Christopher Villafañe

Entre vítores, abucheos y dignidad

Entre vítores, abucheos y dignidad

“ Para el autor de Eclesiastés, la vida es vapor. No hay necesidad de despreciar al otro por ser distinto. Lo dice de esta manera: “Además, observé toda la opresión que sucede bajo el sol. Vi las lágrimas de los oprimidos, y no había nadie para consolarlos. Los opresores tienen mucho poder y sus víctimas son indefensas… Luego observé que a la mayoría de la gente le interesa alcanzar el éxito porque envidia a sus vecinos; pero eso tampoco tiene sentido, es como perseguir el viento” (Eclesiastés 4:1,4, NTV)”.