Nos toca descansar y confiar

Aquella mañana del 6 de enero de 2020 es inolvidable. En mi caso, estaba esperando que fuera un día familiar para compartir el gran Día de Reyes con la familia. La noche antes habíamos recogido la grama para los camellos con un sentido de alegría y expectación de la celebración.  A las 6:24 am, nos llegó el remezón. Esa mañana de abrir obsequios, fue estremecida con un movimiento inesperado que nos asustó. Más adelante nos enteramos que varias residencias en Guayanilla se habían caído, sepultando varios vehículos que sus propietarios habían estacionado  bajo sus casas.

Al otro día vino el remezón mayor cuando en la madrugada nos visitó un terremoto de 6.4 en la escala Richter. Ahí colapsaron casas, templos, escuelas y edificios históricos que tanto habían marcado la memoria de esos pueblos. Eso es lo terrible de estos eventos, destruyen las estructuras que nos han dado tantos recuerdos. Cuando habíamos pensado que todo había acabado, vino la réplica que hizo colapsar lo que no había caído antes. Luego de eso, hemos seguido lidiando con réplicas que parece que no tendrán detenimiento por algún tiempo.

Los seres humanos tendemos a ansiarnos con las cosas que no podemos controlar y perdemos la noción de lo que podemos manejar. Estos eventos nos han demostrado algo y es que, por más planes, ideas y propuestas que podamos tener, hay asuntos con los cuales no tenemos inherencia.  Nos visitan y nos trastocan. Nos toca vivir con esa nueva realidad que no aspirábamos a tener.

Desde la semana pasada he estado junto a nuestro recurso pastoral en Guayanilla, Kevin León, acompañando a las familias que han hecho del estacionamiento del templo su lugar de refugio. Allí no ha dejado de temblar. Los que duermen allí, no saben en qué momento, cuánta intensidad ni cuán prolongado será el movimiento de tierra. Solo saben que, cuando tiembla la tierra, están acompañados por quienes también han hecho de ese lugar, su refugio.

Este detalle me parece esencial. Sabemos que la tierra temblará, pero no sabemos cúando. Más aún, en cualquier situación adversa y compleja que nos invada, tenemos al Señor con nosotros. En estos casos, nos toca confiar en el Señor y su provisión. Para los que somos muy activos e inquietos, detenernos y descansar pareciera ser un reto. No obstante, mas bien es un mandamiento de Dios para todos. Dios nos convoca a descansar en Él.

El salmista lo dijo así: “Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!” (Salmo 46:10, NVI). En tiempos de ansiedad, nos toca descansar. En tiempos de preocupación nos toca confiar. Las réplicas seguirán, pero en algún momento, cesarán. Sin embargo, Dios siempre estará con nosotros. Confía. Dios está contigo.

Bendiciones,

Eliezer Ronda Pagán