Reflexión

Entre el horno y el león

Entre el horno y el león

“Debemos exponer nuestros valores con dignidad y no claudicar en nuestra vida de oración. Recordemos que la canción de adoración a Dios es aquella que nos lleva a extender los brazos, más que nuestras gargantas en alta voz”.  

 

El envío sin viralizar

El envío sin viralizar

Jesús nos envía a compartir nuestra vida desde nuestras heridas y no desde nuestras garantías de comodidad. El fruto de la paz ocurre en el sembradío de la esperanza en medio del conflicto humano. El llamado a compartir debe ser uno acompañado de sentir con el corazón de Dios.

Jardineros de cariño

Jardineros de cariño

Como iglesia, jardinera de cariño, sembrar y cosechar en las generaciones existentes y futuras no nace de un deseo caprichoso ni egoísta, sino de la verdad de que el reino de Dios se multiplica a través de aquellos que socialmente son relacionados con lo insignificante o incapaz. Imagina conmigo a aquel niño que corretea entre las bancas, dejándose formar por el Espíritu de Dios en árbol que brinda refugio y cuidado; adultos mayores que se convierten en parte intrínseca de la formación espiritual, emocional y hasta académica de la juventud y niñez; una iglesia que extiende sus ramas para cubrir a su comunidad; no hay mejor amor que me dé felicidad.

En el prólogo del 2019

En el prólogo del 2019

El llamado de hoy para un nuevo año es ser como los sabios de Oriente, que transitan los caminos de la vida con el fin de encontrarse con el Rey que ha nacido para ser distinto. El llamado no es a despreciar lo viejo. Es mas bien a arrancar las costumbres que envejecen la vida y buscar la ternura de dar como los niños que anuncian una vida nueva. Que este nuevo año podamos ser una iglesia abnegada que da sin mirar a quién. Solo así nuestro libro apuntará a la autoría de la vida en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Un año que viene y otro que se va

Un año que viene y otro que se va

Si afirmamos que el evangelio es calidad de vida que se extiende hacia aquel que ha sido señalado como una no persona en relación a donde nació, cuanto tiene, que estudió, cuál es su vivienda, entre otras cosas; no podemos hacer de un nuevo año algo tan trivial como que apunte a resoluciones que meramente me beneficien y dejen a un lado a los demás. El evangelio nos obliga a mirar para el lado y ponernos a un lado para darle a los demás respeto y valor. Sólo en la medida que decidamos responder en lo que es ser iglesia nos llevará a una quehacer sintonizado con la agenda de Dios. 

El regalo de la esperanza

El regalo de la esperanza

En el arte, existe una técnica de pintura llamada “chiaroscuro” en italiano o “claroscuro”. La misma consiste en el uso de contrastes fuertes entre la iluminación y la oscuridad, destacando, de manera más efectiva, algún elemento en la pieza. Es, pues, la esperanza aquel destello que irrumpe en la oscuridad de nuestra realidad, invitándonos a clavar nuestros ojos en cosas, personas que nos rodean, promesas, sueños, que nunca pensamos ver.

Valiente y esforzado

Disfruto las historias en las cuales las personas superan adversidades extremas. Con valentía, esfuerzo, tenacidad y dedicación, logran lo que se pensó era muy difícil o imposible.

En semanas recientes disfrutamos el rescate, de las profundidades de un sistema de cuevas, de doce niños  tailandeses y su entrenador en el   deporte de soccer. El mundo entero disfrutó la gran hazaña en la cual participaron varias naciones, hermanadas por el mismo propósito.

Ese tipo de situación, como pasó con los 33 mineros chilenos en el 2016, une a los  humanos y hace que el  corazón lata al mismo ritmo. La victoria se torna comunitaria.

La Biblia nos ordena ser valientes y esforzados. Muy posiblemente no experimentemos nunca una situación tan extrema como los chicos de Tailandia, pero se nos llama a vivir con valentía, cada día de nuestra vida. El requisito es necesario pues ser cristiano es ir a contracorriente.

Para muchos cristianos en distintos países del mundo, ese vivir a contracorriente es la rutina diaria. Tanto es así que se puede pagar con la vida, si se descubre que la persona es seguidora de Cristo.

En este lado del mundo, la situación no es tan dramática. No obstante, el caldo de cultivo anti-cristiano en occidente, crece más cada vez. Necesitamos vivir cada día con valor y esfuerzo, afirmando nuestra fe en Jesús y sus postulados. Es una convocatoria del mismo Jesús, quien nos advirtió que así sería y nos prometió estar a nuestro lado para sostenernos en el camino.

Ese llamado a la valentía y el esfuerzo, resuena, cual eco histórico-divino, desde la antigüedad. En Josué 1.6 el texto nos dice: “Yo soy quien te manda que tengas valor y firmeza. No tengas miedo ni te desanimes porque yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas”  (Josué 1.6 (DHH). Afinemos nuestro oído para escuchar ese eco, como verdad que nos sostiene, cada día.

  Luis Guillermo Montañez

 

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Su gracia nos limpia

En una ocasión echamos a lavar una de mis camisas favoritas con un montón de ropa de colores distintos. Al secarla y ponerla en el gancho, me di cuenta de que ya no era solo verde claro, sino que tenía manchas rositas por todos los lados. Pasó de ser mi camisa favorita a mi camisa manchada.

No tuvimos en cuenta que esta camisa no debía de lavarse con otros colores que fueran muy oscuros, como un traje “fushia y todo lo demás que pusimos en la lavadora. El verde era tan clarito que debimos lavarla con la ropa blanca y no usar blanqueador. No pude volver a usar la camisa, porque no encontramos nada que pudiera devolverle su color original.

Pensaba que en muchas ocasiones en nuestra vida espiritual pueden suceder cosas similares a estas. A veces entramos en lugares, relaciones, o pensamientos cíclicos en donde nos mezclaremos con colores que pueden dañar nuestras vestiduras. A veces podemos pensar que nos está haciendo bien sin darnos cuenta que nuestra vestimenta ha sido trastocada.

Los creyentes en Cristo sabemos que nuestras vidas pueden ser completamente lavadas en con el agua de su Palabra. Sin embargo, en muchas ocasiones podemos equivocarnos e intentar lavarnos con cosas que en realidad nos manchan.

Mi camisa no tuvo remedio. Pero aquellos que creemos en Jesús, no importando en qué estado estén nuestras vestiduras en este momento, tenemos la esperanza de no seguir manchados si nos arrepentimos. Porque no hay nada tan sucio o manchado que Jesús no haga digno. Su misericordia y gracia nos limpian.

"Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve". 

(Salmo 51:7) 

Dios les bendiga,

Christopher Villafañe Villalobos

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