SEMANA #3: CRECIMIENTO

Día 15: La marca de la madurez
25 de septiembre de 2019
 

Indistintamente de la edad que tengas, hubo un tiempo que con toda probabilidad no podías esperar para crecer. Cuando eras un “niñito”, querías ser los suficientemente grande para cruzar la calle solo. Tal vez, estabas esperando el momento cuando no te forzaran a tomar siestas durante el día. Quizás no podías esperar a que llegara el primer día de clases o que le pasaras en tamaño a tu primo o hermano. 

Estos deseos van cambiando a través de los años, pero probablemente no desaparezcan. Mientras crecías, pudiera ser que soñaras con el momento que fueras a ser adolescente, entrar a la escuela superior o tener licencia de conducir. 

Luego de eso, viene la etapa de ir a la universidad. Luego, pudiera ser que anticipes entrar a la escuela graduada o el comienzo de un “trabajo de verdad”. En algún punto, pudiera ser que soñaras con el momento de enamorarte, comprometerte y casarte. 

Y así pasa el tiempo. Muchas personas ven esos momentos como objetivos en el camino de la adultez. Algunos, en cambio, alcanzan esos puntos, pero no sienten que verdaderamente han crecido. Algunos crían niños y se convierten en abuelos, mientras continúan sintiéndose inmaduros. 

¿Cuál es el punto en que un niño se convierte en un hombre? ¿Cuál es el punto en que una niña se convierte en mujer? ¿Cuándo un chico deja de ser niño y es un adulto?

Desde un punto de vista biológico, esa pregunta es muy fácil de contestar. Un organismo se considera “adulto” cuando se puede reproducir.  Desde las flores y los árboles a las aves y las abejas, esto es cierto para todos los seres vivos.También es cierto para el crecimiento espiritual.

Muy frecuente, algunos seguidores de Jesús, creen que adorar regularmente un domingo con otros cristianos demuestra madurez. Claro está, ese es un ingrediente importante para el crecimiento, pero no es la marca de la madurez. 

Otros se ven así mismos como maduros por que consistentemente leen y estudian sus Biblias. Se memorizan versos y se encuentran con otros  para estudiarla juntos. Eso también es un factor importante para el crecimiento espiritual, pero no es la marca de la madurez. 

Hay personas que piensan que han llegado a la madurez espiritual cuando son parte del liderato que dirige la iglesia. Otros creen que han llegado a la madurez espiritual porque han sido cristianos por muchos años. Algunos piensan que han llegado a la madurez espiritual cuando el pastor les pide un consejo. Sin embargo, nada de esto es la marca de la madurez espiritual.

Jesús les dijo a sus discípulos: “Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada” (Juan 15:5, NTV). También les compartió: “Ustedes no me eligieron a mí, yo los elegí a ustedes. Les encargué que vayan y produzcan frutos duraderos, así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre” (Juan 15:16, NTV).

Como las ramas de una vid o de cualquier planta que da fruto, hemos sido escogidos e identificados- regados, nutridos y cuidados – para dar fruto, reproducirnos y tomar parte una y otra vez en lo que produjo nuestra salvación. Fuimos escogidos para dar fruto, para reproducir en otros el proceso que produjo nuestra salvación. Esa es la marca de la madurez. Así es que se sabe que el Espíritu Santo en conjunto con nuestra colaboración, se han combinado para producir un seguidor de Jesús maduro. 

De hecho, no nos vamos muy lejos cuando decimos que nacimos para reproducirnos. Cada paso que damos, por pequeño que sea, cada desarrollo que alcanzamos, ha sido con el propósito  de reproducirnos. Cumplimos el plan de padre cuando damos fruto y nos reproducimos (Vea Juan 15:1-2). 

Crecer en gracia y en el conocimiento de Jesús no es algo que hacemos para vernos o sentirnos bien. Es algo que el Espíritu Santo hace en nosotros para esparcir el evangelio por todo el mundo (Vea Colosenses 1:6).