SEMANA #3: CRECIMIENTO

Día 14: Los que dan y los que quitan 
24 de septiembre de 2019

Dos mares dominaban la tierra que Jesús creció. Uno era una escena de belleza y el centro del comercio donde las costas y las profundidades se encontraban con la vida. Los peces eran abundantes en uno de los cuerpos de agua. Hermosas alfombras de grama rodeaban este mar. El espacio alrededor era de hermosas comunidades con mucho verdor y plantío. El otro mar no tenía nada de estas cosas. Sus costas eran estériles y la atmósfera era cargada. Las aguas amargas no podían sostener la vida ni podían quitar la sed.

¿La diferencia? Uno era dador y el otro quitaba.  

El Mar de Galilea se destacaba con frescura por qué no solo recibía agua que fluía desde las cordillera del norte, sino que también se nutría de las aguas del Río Jordán que fluía desde el sur. 

El Mar Muerto recibía agua fresca del Río Jordán, pero la retenía. Todo el sedimento y los minerales detenía el flujo del río para sí. 

Este principio de dar y quitar es aplicable a las personas como a los cuerpos de agua. De hecho, el contraste entre estos dos cuerpos de agua pudiera haber estado en la mente de Jesús cuando le dijo a sus primeros seguidores: “¡Todo el que crea en mí puede venir y beber! Pues las Escrituras declaran: “De su corazón, brotarán ríos de agua viva” (Juan 7:38, NTV)

Las personas que son dadoras se dan cuenta de las necesidades de otros. Normalmente preguntan “¿Cómo te puedo ayudar?”. Están dispuestos a dar la mano y ayudar. Escuchan a otros y dan generosamente. Y en momentos, hasta se sacrifican para suplir las necesidades de otros.

Por otro lado, los que “quitan”, no están pendientes ni consientes de las necesidades de otros. Normalmente se preguntan “¿Y qué puedo sacar yo de esto?”. Son sensibles a sus propios derechos, y se pueden resentir si tienen que cambiar sus planes. Tienden a hablar más de lo que escuchan. Evitan personas y situaciones que requieren demasiado de ellos. Piensan que ellos tienen demasiadas necesidades para estar preocupándose por los demás. 

La persona que siempre está quitando y nunca da, se vuelven duros, desagradables y amargados, como el Mar Muerto. El crecimiento está estrechamente relacionado con el dar. Los que quitan se estancan y declinan a través del tiempo. 

En cambio, los dadores, de atención, posesiones tiempo y esfuerzo, se tornan en personas dulces, placenteras y refrescantes. El que da, experimenta un rápido crecimiento espiritual y personal ya que está constantemente compartiendo con otros y abriendo espacios para más bendiciones. 

Es muy sencillo. Dios no puede dar más a quienes tienen las manos llenas.