SEMANA #5: ALCANCE

DÍA 28: BUENAS NOTICIAS DE ALEGRÍA

10 de octubre de 2019

James Marshall llegó al fuerte de “Sutter”, un asentamiento de agricultura en el norte de California a mediados de julio del 1845. John Sutter el fundador del asentamiento contrató a Marshall como carpintero. Unos años después, Marshall y Sutter se unieron para construir un taller en Coloma en el American River como a 40 millas río arriba de distancia del fuerte de “Sutter”, al este de lo que es Sacramento en la actualidad.

El 24 de enero de 1848, Marshall estaba trabajando en la corriente cerca del taller cuando notó que había algo que brillaba en el agua. Tomó algunos cantos pequeños y se los llevó. Eran dorados y bien brillosos. Presionó una de los cantos entre dos piedras y se dio cuenta de que podía cambiar de forma sin romperse.

Marshall fue donde uno de los trabajadores llamado Scott y le dijo que había encontrado oro. Otros miembros del equipo de trabajo hicieron pruebas adicionales y confirmaron el descubrimiento. Marshall le dijo a los trabajadores que continuaran trabajando en el aserradero pero que en el tiempo libre podían buscar oro.

Luego de un tiempo, el trabajo en el aserradero cesó para que los hombres se dedicaran a buscar oro. Las noticias corrieron rápidamente, y en el 1848, muchos caza fortunas estaban estudiando el área. Como muchos obreros del aserradero, muchos abandonaban todo para buscar oro. Para el 1855, se habían unido unos 300,000 personas en lo que se conoció como el “California Gold Rush”.

En una ocasión Jesús dijo lo siguiente sobre el reino de los cielos: “El reino del cielo es como un tesoro escondido que un hombre descubrió en un campo. En medio de su entusiasmo, lo escondió nuevamente y vendió todas sus posesiones a fin de juntar el dinero suficiente para comprar el campo” (Mateo 13:44, NTV). Jesús describió el reino de los cielos usando los siguientes términos inequívocos:

El reino de los cielos es un gran tesoro. Jesús dijo que el reino es como un tesoro, o como dijo luego, una perla de gran precio. (Vea Mateo 13:16). Es una mina de oro. Tiene un valor incalculable. El apóstol Pablo habló en términos similares (probablemente haciendo referencia a la parábola de Jesús). El se refirió a los tesoros inagotables que tenemos a disposición en Cristo (Vea Efesios 3:8-9).

Entrar en el reino de los cielos es entrar en el gozo. El hombre en la parábola entró en el gozo para adquirir apropiación sobre el tesoro que había encontrado. ¿Cuántas veces reducimos el compartir las buenas noticias de salvación de lo que Jesús ha hecho por nosotros con otras personas? ¿Cuán extraño es que nos neguemos  por un momento de “compartir las buenas noticias que dan alegría a toda la gente” (Lucas 2:10, NTV)? ¿Cuántas veces olvidamos que nos gozamos en él y nos gozamos con una alegría gloriosa e indescriptible (1 Pedro 1:8, NTV)? Honremos a Dios a al asumir que aquellos que  están en derredor de nosotros que no han experimentado una nueva vida en Cristo estarán tan felices como nosotros al encontrar este gran tesoro.

Entrar en el reino de los cielos es costoso, pero no hay comparación al gran premio. Jesús describió a este hombre como uno que vendió “todo lo que tenía” para comprar el campo y obtener el tesoro. Es una ilustración importante. Matthew Henry dijo: “A pesar que nadie puede dar un precio su salvación, se ha dado muchísimo por ella”. Debemos tener precaución de anunciar un evangelio barato, mientras recordamos las palabras de Jesús: “¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma?¿Hay algo que valga más que tu alma? (Mateo 16:26, NTV). A pesar que require que lo rindamos todo para obtner la vida eterna, estamos de acuerdo con Pablo en que “lo que ahora sufrimos no es nada comparado con la gloria que él nos revelará más adelante” (Romanos 8:18, NTV).

No importa cual sea tu historia, si eres un seguidor de Jesús, debes compartir con entusiasmo y alegría con otros que has encontrado un gran tesoro.