SEMANA #5: ALCANCE

DÍA 26: PERDIDO Y ME ENCONTRÉ

8 de octubre de 2019 

El poeta famoso, W.H. Auden, dijo una vez, “Casi todas nuestras relaciones comienzan  como una forma natural de explotación y la mayoría continúan de esta manera. Una intercambio mental o físico que terminará cuando una de las dos partes se le agoten las alternativas”.

En otras palabras, la mayoría de las relaciones humanas están basadas en cierto grado de egoísmo. Fluyen basadas en cálculos conscientes o inconscientes como: ¿Qué bueno le puedo sacar a esta relación para mí? ¿Satisfacerá mis necesidades? “Tú me rascas la espalda y yo te rasco la tuya”.

Es por eso que personas que con un buen sentido del humor, o con un enfoque positivo, o con mucho dinero, tienden a tener más amigos, porque se disfruta más al pasar tiempo con ellos. Eso es parte de nuestra naturaleza humana. Buscamos relaciones por lo que podamos obtener de ellas.

Pero Jesús dijo: “Pues ni aun el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir a otros y para dar su vida en rescate por muchos»” (Marcos 10:45 NTV). Él no busca relaciones con los seres humanos por lo que pueda sacar de ellas. Él busca relacionarse por lo que Él puede dar. Él dijo: “Mi propósito es darles una vida plena y abundante” (Juan 10:10b NTV).

Jesús dijo: “Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso” (Mateo 11:28 NTV). Y Jesús dijo:  “Sin embargo, los que el Padre me ha dado vendrán a mí, y jamás los rechazaré” (Juan 6:37 NTV). Y Jesús dijo:  “Este es mi mandamiento: ámense unos a otros de la misma manera en que yo los he amado” (Juan 15:12 NTV).

¿Captaste eso? “En que yo los he amado”. Jesús nos llama a emular su manera de relacionarse con otros, aunque esto sea contra nuestra naturaleza y forma de hacer las cosas.

Nos llama a relacionarnos con otros no por lo que podamos obtener de ellos más bien por lo que podemos ofrecerles. Porque aquellos que son importantes para Jesús, deben ser importantes para nosotros. Todos aquellos que están fuera de su rebaño garantizan una búsqueda incansable intencional (Juan 15:3-7).

Jesús hizo algo que los rabinos judíos normalmente no hacían. No esperó a que las personas se encontraran a sí mismas para poder aplicar para seguirlo como maestro. Lo contrario, Él buscó a los que estaban perdidos y los hizo sus seguidores.

Y Jesús tenía seguidores de todo tipo. Pedro era un bocón. Santiago y Juan peleando por posicionamiento; Mateo que era cobrador de impuestos y María Magdalena quien estuvo poseída por 7 demonios.

Sí, Jesús nos llama a vivir a su manera. No a nuestra manera, ni la manera de nuestros padres, ni la forma que vemos a otros actuando. Nos llama a su manera.

Buscar a aquellos que están perdidos. Aquellos que están heridos. Aquellos que quizás no es tan agradable tenerlos alrededor. Porque el criterio de Jesús para relacionarse no era; ¿Qué hay en esta relación para mí? Más bien “Pues ni aun el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir a otros y para dar su vida en rescate por muchos»” (Marcos 10:45 NTV).

Pedro, el gritón, impetuoso, y volátil amigo de Jesús, terminó estando (de todos los lugares) que un buen judía podía estar, no solo en la casa de u. Gentil, sino en la casa de un centurión romano. Esto es lo que dijo a los que allí estaban reunidos: “Y saben que Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder. Después Jesús anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que eran oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38 NTV).

Pedro se dedicó a hacer el bien y Jesús nos llama a su manera de construir relaciones con otros. Buscando a los perdidos y haciendo el bien porque Él está con nosotros.