SEMANA #5: ALCANCE

DÍA 25: ALCANZANDO A OTROS

7 de octubre de 2019

 En Julio del 1941, hubo un escape de un cruel campamento de concentración en Auschwitz, Polonia. En el campamento en Auschwitz tenían la costumbre de matar a 10 prisioneros por cada 1 que escapara. Reunían a todos los prisioneros en el patio, y el comandante elegía 10 nombres al azar. Estas víctimas eran llevadas inmediatamente a una celda en donde no recibirían ni comida ni agua hasta que murieran.

Mientras el comandante los llamaba cada uno de los prisioneros daba un paso adelante. El décimo nombre que llamó era un hombre llamado Gajowniezek. Dio un paso adelante pero no pudo contener sus sollozos. “Mi esposa y mis hijos” decía bajito una y otra vez.

De momento algo pasó entre los prisioneros. Los guardias preparan sus rifles. Los perros se pusieron en posición, anticipando la instrucción para atacar. Un onceavo prisionero dejó su línea y dio un paso adelante. Le dijeron que se detuviera o si no iba a ser disparado. Continuó y se detuvo a unos pasos del comandante, se quitó su sombrero, y miró directamente a los ojos del comandante.

“Comandante” -dijo el prisionero, “Quisiera hacer una solicitud, por favor”.  “Quiero morir en lugar del décimo prisionero” -mientras señalaba a Gajowniezek. “No tengo esposa o hijos. En adición a eso, estoy viejo, y no sirvo para nada. Él está en mejor condición”. “Quién eres?” -preguntó el comandante. Y el prisionero contestó: “Un sacerdote”. El comandante titubeó por un momento pero después gritó, “Te concedo tu petición”.

Los prisioneros no tenían permitido hablar, pero Gajowniezek dijo después, “solo podía agradecerle con mi mirada. Estaba en shock y prácticamente no podía entender lo que estaba sucediendo. La inmensidad del asunto: yo, el condenado, tengo la posibilidad de vivir porque alguien de manera voluntaria ofreció su vida por mí - un extraño”.

El nombre del sacerdote era Maximiliano Kolbe. Murió varias semanas después, en la celda punitiva. Pero Gajowniezek sobrevivió la guerra y vivió más de 53 años luego de que Kolbe muriera por él. La historia de Gajowniezek es nuestra historia y la historia de todos los que viven en esta tierra. Nosotros éramos los prisioneros, marcados para morir hasta que Jesús dio un paso adelante y ocupó nuestro lugar. Jesús nos salvó al entregar su vida en la cruz por cada uno de nosotros de manera voluntaria.

Jesús explicó lo que hizo en términos simples: “Pues el Hijo del Hombre  vino a buscar y a salvar a los que están perdidos” (Lucas 19:10 NTV). Jesús se comparó a sí mismo, de manera metafórica, con un pastor que busca a una oveja perdida, una esposa que busca una familia hermosa y un padre que corre a darle la bienvenida a su hijo pródigo.

Según las Escrituras, Dios nos reconcilió con Él mediante Jesús. “Y todo esto es un regalo de Dios, quien nos trajo de vuelta a sí mismo por medio de Cristo. Y Dios nos ha dado la tarea de reconciliar a la gente con él. Pues Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando más en cuenta el pecado de la gente. Y nos dio a nosotros este maravilloso mensaje de reconciliación. Así que somos embajadores de Cristo; Dios hace su llamado por medio de nosotros. Hablamos en nombre de Cristo cuando les rogamos: «¡Vuelvan a Dios!».” (2 Corintios 5:18-20 NTV).

Si eres un seguidor de Jesús, Dios te ha llamado para que compartas la buena noticia del evangelio a través de tus palabras, tu amor, y tu vida. Todo discípulo de Jesús es llamado a seguir su ejemplo de alcanzar a aquellos que aún no han tenido una experiencia de nueva vida en Cristo. Jesús dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen la Buena Noticia a todos” (Marcos 16:15 NTV). No todos hemos sido llamados a ser predicadores; pero sí ha esparcir las buenas noticias del evangelio de Jesús. No todos tenemos un llamado pastoral, pero sí hemos sido llamados al ministerio de la reconciliación. No todos tenemos el don de evangelistas, pero sí todos somos embajadores de Jesús.