Semana #4: Mayordomía

DÍA 22:   La Riqueza que nos lleva a una Gloriosa Bienvenida

3 de octubre de 2019

Si un ángel se le apareciera esta noche y le dijera que usted va a morir mañana, ¿qué haría?

¿Saldría a comprarse un par de zapatos? ¿Se iría a arreglar el cabello?  ¿Le pediría un bono a su patrono?  ¿Trataría de gastar todo el dinero de su cuenta bancaria?

Probablemente no haría ninguna de estas cosas.  Muy probablemente se daría cuenta que todas esas cosas pierden importancia cuando solo le quedan 24 horas o menos para vivir. ¿No cree?  A ver, ¿cómo cambiaría su respuesta si en vez de 24 horas le quedan 48 horas, o 72, una semana, un mes?  Tal vez no, el dinero y las posesiones pierden su valor a la luz de la eternidad.

Ese es el punto de una de las parábolas de Jesús.  Es una historia breve que algunos consideran la más confusa historia que Jesús narró. Y dice así:

“Un hombre rico tenía un administrador a quien acusaron de derrochar sus bienes. Así que lo mandó a llamar y le dijo: “¿Qué es esto que me dicen de ti? Rinde cuentas de tu administración, porque ya no puedes seguir en tu puesto”. El administrador reflexionó: “¿Qué voy a hacer ahora que mi patrón está por quitarme el puesto? No tengo fuerzas para cavar, y me da vergüenza pedir limosna. Tengo que asegurarme de que, cuando me echen de la administración, haya gente que me reciba en su casa. ¡Ya sé lo que voy a hacer!”

“Llamó entonces a cada uno de los que le debían algo a su patrón. Al primero le preguntó: “¿Cuánto le debes a mi patrón?” Cien barriles de aceite”, le contestó él. El administrador le dijo: “Toma tu factura, siéntate en seguida y escribe cincuenta”. Luego, preguntó al segundo: “Y tú, ¿cuánto debes?” “Cien bultos de trigo”, contestó. El administrador le dijo: “Toma tu factura y escribe ochenta”.

Pues bien, el patrón elogió al administrador de riquezas mundanas por haber actuado con astucia. Es que los de este mundo, en su trato con los que son como ellos, son más astutos que los que han recibido la luz. Por eso les digo que se valgan de las riquezas mundanas para ganar amigos, a fin de que cuando estas se acaben haya quienes los reciban a ustedes en las viviendas eternas.  Lucas 16:1-9

Jesús no estaba promoviendo la falta de honestidad en esta parábola.  Estaba promoviendo las prioridades justas.  Su parábola envuelve 4 verdades claves:

  • Pronto seremos llamados a dar cuentas.  Como el mayordomo de la historia, la mayoría de nosotros podríamos ser acusados de malgastar las posesiones de nuestro Amo. Y ya sea que vivamos un día más, otro año u otros 20 años, nuestro día de rendir cuentas se acerca más rápido de lo que creemos.

  • Este enfrentamiento que irremediablemente tendremos revela cuán irrelevante es el acaparamiento del dinero y las posesiones.  Todos los bienes que hayamos acumulado – sean muchos o pocos – resultan sin valor alguno a la luz del acercamiento del final de esta vida terrenal.

  • No es muy tarde para hacer cambios. El mayordomo en la parábola de Jesús cambió su actitud y comportamiento a la luz del mensaje de su amo.  Nosotros aún tenemos tiempo para hacer lo mismo.

  • La riqueza usada para bendecir a otros no es un malgasto. Así como Ebenezer Scrooge en la mañana de Navidad, el mayordomo perspicaz aprendió un nuevo uso para el dinero.  En lugar de acapararlo lo movilizó hacia un nuevo propósito.  De modo que nosotros, siendo hijos de Dios, sabemos que solo dos cosas en la tierra son eternas – La Palabra de Dios y las almas de la humanidad – y resulta sabio enfocar nuestros recursos en tales cosas.