SEMANA #2: ADORACIÓN

DÍA 11: CORAZÓN ALEGRE

20 DE SEPTIEMBRE DE 2019

Imagínate que trabajas intensamente por tu familia y tus compatriotas y que estos te rechacen. Imagínate tener que esconderte y estar constantemente en movimiento para escapar de los numerosos enredos en contra de tu vida.

Imagina que oras apasionada y amorosamente en ciudades grandes y pequeñas que tienes a tu cargo. Que tienes gente con fe a tu alrededor, que te persiguen y calumnian; muchos de ellos de tu propia carne y sangre. Hasta te encarcelan por tus problemas.

Imagínate esos días exhaustos e interminables. Noches de desvelo, de hambre y sed extrema, un frío amargo y calor brutal. Entretanto, continúas sacrificándote por otros, muchos de los cuales disfrutan tu sufrimiento.

Imagínate que una multitud ruidosa te asalta y te dejan moribundo en la calle. Que los que pensabas que eran tus amigos, te abandonan. Imagínate estar involucrado en un accidente casi fatal, mientras te transportan a un juicio político en la capital. Imagínate hacerte cargo y salvar, no solo a tus compañeros prisioneros, sino también a los guardias y oficiales del gobierno que viajan contigo. Imagínate también, si a pesar de tu conducta ejemplar, te envían a una prisión del gobierno a esperar que te enjuicien.

Imagínate que por años te destrocen tu privacidad y pases por sufrimientos a pesar de continuar amándolos y orar por los que se cruzan en tu camino. ¿Acaso todo esto te parece ser una receta para un corazón adorador? Sorpresivamente, es correcto. Todas estas situaciones son experiencias vividas por Pablo, el que implantó la iglesia del primer siglo, quien sufrió palizas y traiciones, naufragios, sufrimientos y decepciones por causa de su fe. Este es el mismo Pablo que escribió estas palabras desde una prisión romana:

“Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense!”

La amonestación de Pablo nos revela el corazón de un verdadero adorador. Porque si la adoración es al único Dios verdadero, entonces, esta será una adoración alegre. ¿Cómo es esto posible? ¿Cómo aun con dificultades, rechazos y persecuciones casi constantes, se puede producir una adoración alegre? Pablo nos revela el secreto:

“No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús. Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza. No dejen de poner en práctica todo lo que aprendieron y recibieron de mí, todo lo que oyeron de mis labios y vieron que hice. Entonces el Dios de paz estará con ustedes. ¡Cuánto alabo al Señor de que hayan vuelto a preocuparse por mí! Sé que siempre se han preocupado por mí, pero no tenían la oportunidad de ayudarme. No que haya pasado necesidad alguna vez, porque he aprendido a estar contento con lo que tengo. Sé vivir con casi nada o con todo lo necesario. He aprendido el secreto de vivir en cualquier situación, sea con el estómago lleno o vacío, con mucho o con poco.  Pues todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las fuerzas” (Filipenses 4: 6-13, NTV)

Este pasaje describe la diferencia entre alegría y felicidad. La alegría es una elección – un corazón que se desborda; que se enfoca en Dios. El corazón alegre reclama las promesas de Dios y se enfoca en aquellas cosas que son verdaderas, nobles, correctas, puras, amorosas, admirables, excelentes y encomiables. Da gracias en toda situación y puede contentarse en cualquier circunstancia. Alegría significa contentamiento y el desbordamiento de un corazón adorador.